sábado, 17 de septiembre de 2011

Monseñor José Canovai


José Canovai nació en Roma (Italia) el 27 de Diciembre de 1904, hijo único de Luis Canovai y de Egeria Pezzolli. Obtuvo cuatro diplomas en Filosofía, Jurisprudencia, Teología y Derecho Canónico, los cuales honraban sus capacidades y esfuerzos. Ingresó también en la Capránica, un colegio dedicado especialmente a orientaciones y finalidades diplomáticas.
En el año 1924, murió su padre y José debió emplearse para sostener a la madre enferma.
El 3 de Mayo de 1931, mes de María para el Hemisferio Boreal, fue ordenado sacerdote.
Después de los primeros ministerios sacerdotales, el Padre José se dedicó al apostolado intelectual, para el cual estaba particularmente dotado. Más tarde, fue llamado a colaborar en la Congregación de los Seminarios y de las Universidades de los Estudios.
En el año 1936 encontró en la Obra “Familia Crhisti” un ideal luminoso que le permitía darse todo al Señor en los votos religiosos, pero permaneciendo Sacerdote diocesano. Tanto fue atrapado por ese ideal, que le consagró toda la vida y el apostolado. A ese mismo ideal se debe la rapidísima ascensión espiritual a las más altas cumbres de la mística, aún conservando su carácter gozoso y fascinante.
Inesperadamente, en mayo de 1939, le llegó la solicitud de ir a Buenos Aires como auditor de la Nunciatura. Además de los trabajos rutinarios, pronto se abrió también a su querido apostolado intelectual. A través de conferencias, Ejercicios Espirituales, lecciones... dio particular impulso a los Cursos de Cultura Católica, máximo centro de espiritualidad. Sin embargo ya, en este período, se sintió atormentado por serios dolores físicos, a los que añadía sus prácticas penitenciales.
En Enero de 1942, fue enviado como encargado interino de negocios a Santiago de Chile, donde, con su celo y competencia en el apostolado, supo conquistar muchas almas para Cristo. Él escribía en su diario: “Señor, no te pido que la tierra, adonde me envió tu Providencia, me germine rosas. Solo te pido que me dones las espinas de tu Pasión. -, y que debajo de las espinas germine una espiga para mí invisible”.
Los biógrafos dicen que, por medio de sus oraciones, sus penitencias y su palabra, retiró la ley de divorcio que se discutía en el Parlamento. Fue justamente en Chile, donde trazó su admirable “Oración escrita con la sangre”.
Sus amigos chilenos lo recuerdan como “Sabio y profundo conocedor de la Sagrada Escritura, psicólogo penetrante y guía de almas, apóstol de Cristo, y ¿Por qué no? santo que impregnó nuestra tierra chilena con el perfume exquisito de sus excelsas virtudes”.
En Julio de 1942, retornó a Buenos Aires y reanudó todas sus actividades. Pero ya presentía muy cerca su fin por sus crecientes dolores. Pese a todo, intensificó su generosa donación apostólica, en un espléndido crecimiento a Dios y a las almas. Estaba gravemente atormentado por una irreversible peritonitis, que escondía con increíble paciencia.
Dio a todo testimonio de una ejemplar preparación al gran encuentro con el Señor y maestro. Asistido por el Nuncio y sus amigos y ofreciendo su vida por la Iglesia, por el Papa y por la Obra, entregó su espíritu al Señor el 11 de Noviembre de 1942.
Murió cantando, como murieron cantando San Francisco de Asís y San Antonio.
En su lecho de muerte declaraba: “No creía que fuera tan hermoso morir y morir joven”
Sus últimas palabras fueron: “Todo por ti, Señor”. Su cuerpo descansa en la Iglesia de los Jesuitas “Regina Martyrum”.
Escribe el Padre Doglia, S.J., su confesor: “ La vida que vivió entre nosotros Monseñor Canovai, fue la de un santo, y de un santo fue su muerte. Apenas advirtió los síntomas del mal, aseguró que era a muerte. Desde aquel momento, la esperó con gran serenidad y paz. Los dolores, que fueron muchos y muy recios, no vencieron su voluntad de padecerlos para ofrecerlos todos a Dios”.
La causa de su Canonización se abrió oficialmente el 21 de Octubre de 1992.

Elsa Lorences de Llaneza

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